
Las que abrieron el camino
Dedicado a mi madre Doña Miriam, una mujer nacida en la década de los 40´s, a la cual vi sentado en primera fila, ser una mujer valiente, luchadora e independiente, que le tocó ser proveedora, hija, hermana, tía, abuela, maestra, profesional a tiempo completo, ama de casa y por supuesto madre. Ella fue un ejemplo indiscutible en mi vida del potencial grandioso que puede desarrollar una mujer para alcanzar sus metas, a pesar de las condiciones y retos que el mismo sistema le impone por el simple hecho de ser mujer.
Cada 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y celebramos los avances en equidad, liderazgo y participación femenina. Reconocemos a mujeres que hoy ocupan espacios en la ciencia, la política, el emprendimiento y la academia. Sin embargo, esta conmemoración también invita a ampliar la mirada y reconocer a una generación menos visible: las mujeres mayores de 65 años o más que, desde su rol de madres, hermanas, tías y abuelas, hicieron posible gran parte de esos avances.
Según ONU Mujeres (2023), la tasa de participación laboral femenina global ronda el 47 %, mientras que la masculina supera el 72 %. Esta brecha histórica no surgió de la nada: generaciones anteriores enfrentaron barreras estructurales más rígidas. Las mujeres que hoy superan los 65 años crecieron en contextos donde la corresponsabilidad doméstica era escasa y donde el trabajo de cuido recaía casi exclusivamente en ellas.
El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado sostiene las economías de los países. De acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2024), el trabajo no remunerado en la región representa entre el 15,9 % y el 27,6 % del Producto Interno Bruto, y el 74 % es realizado históricamente por mujeres.
Estas generaciones que hoy rozan los 65 o más años, administró recursos en épocas de crisis y, en muchos casos, promovió que sus hijas accedieran a oportunidades educativas que ellas mismas no tuvieron. El aumento sostenido en la matrícula femenina universitaria desde finales del siglo XX no puede entenderse sin considerar esa base familiar previa. Datos de la UNESCO (2022) muestran que hoy las mujeres representan más del 50 % de la matrícula en educación superior a nivel mundial, una realidad impensable décadas atrás.
Este grupo de mujeres (algunas abuelas) no solo transmitieron valores; facilitaron condiciones. Muchas asumieron tareas de cuido para que sus hijas pudieran incorporarse y mantenerse en el mercado laboral. Estudios sobre envejecimiento exitoso destacan que la participación activa y el sentido de propósito son determinantes clave del bienestar en edades avanzadas (Rowe & Kahn, 1997). En este sentido, el acompañamiento intergeneracional no solo beneficia a las familias, sino también a las propias mujeres mayores.
Antes de los discursos hubo decisiones silenciosas. Antes de las estadísticas hubo sacrificios invisibles. Y antes de que muchas mujeres pudieran elegir su trayectoria profesional, hubo otras que, con recursos limitados, abrieron camino.
Conmemorar el Día Internacional de la Mujer también es un ejercicio de memoria: reconocer que gran parte de la autonomía femenina actual descansa sobre una generación de mujeres que sostuvo el equilibrio familiar y social en contextos más restrictivos. Honrar a las abuelas, madres, tías y hermanas que nacieron a mediados del siglo pasado o antes, es reconocer que el avance no comienza en el presente; es el resultado de una cadena de esfuerzos donde cada generación empuja un poco más lejos los límites de la anterior.
Referencias
- ONU Mujeres. (2023). Hechos y cifras: liderazgo y participación política/económica de las mujeres.
- UNESCO. (2022). Women in Higher Education report.
- Rowe, J. W. & Kahn, R. L. (1997). Successful Aging. The Gerontologist, 37(4), 433-440.