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¿Es el coaching una venta de humo?
4 de octubre de 2025Bienestar y Salud

¿Es el coaching una venta de humo?

En las últimas décadas, el coaching se ha convertido en una palabra de moda. Hoy abundan quienes se autodenominan coach de ventas, de nutrición, de imagen, de belleza o incluso de mascotas. Esta multiplicación indiscriminada ha provocado que el término pierda peso y se vuelva confuso, generando la falsa idea de que todo aquel que usa la palabra coach realmente hace coaching.

Sin embargo, el coaching auténtico tiene un origen muy distinto, profundo y filosófico. Nació con Sócrates en la antigua Grecia, a través de su método mayéutico: el arte de "dar a luz" las ideas que ya están en el interior del ser humano. Sócrates no enseñaba contenidos, no imponía respuestas, sino que hacía preguntas que obligaban al interlocutor a reflexionar, a cuestionarse y a descubrir por sí mismo. Esa es la esencia del coaching real: un proceso de acompañamiento que se fundamenta en preguntas poderosas, en la escucha genuina y en la confianza de que cada persona posee dentro de sí misma los recursos para transformarse (Platón, s. IV a.C./1997).

En las últimas décadas, la palabra coaching ha ganado una enorme popularidad en el ámbito empresarial y personal. De acuerdo con la International Coach Federation (ICF), la industria global del coaching mueve miles de millones de dólares anuales y ha crecido aceleradamente gracias a la promesa de mejorar el desempeño, el liderazgo y la vida personal de las personas (ICF, 2020). Sin embargo, esta expansión también ha generado un efecto colateral: el término se usa como una etiqueta de moda para vender servicios de asesoría, mentoría o consultoría que poco tienen que ver con la profundidad del coaching.

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La banalización del concepto ha provocado que hoy cualquier persona pueda llamarse coach sin necesariamente practicar el arte filosófico y transformador que le da origen.

Y sí, el coaching puede ser una venta de humo cuando lo que compras bajo ese nombre es todo menos coaching real. La proliferación de coaches de ventas, de nutrición, de imagen, de belleza o de cualquier otra área ha vaciado el concepto, generando la falsa idea de que todo aquel que se presenta con ese título hace coaching auténtico.

El coaching genuino no nació en programas de autoayuda ni en cursos exprés de certificación. Su raíz está en la antigua Grecia, con Sócrates y su método mayéutico: el arte de ayudar al otro a descubrir sus propias ideas mediante preguntas que despiertan conciencia (Platón, s. IV a.C./1997). En este sentido, el coach no da recetas ni respuestas prefabricadas; acompaña un proceso de reflexión y autodescubrimiento.

Cuando se usa "coach" como etiqueta vacía

Hoy, muchas personas utilizan el término coach como un accesorio de marketing. Llamarse coach vende más que llamarse consultor o asesor, y por eso se abusa de la palabra. El problema no es semántico: es ético.

Un mentor comparte su experiencia; un asesor recomienda lo que considera mejor; un consultor analiza problemas y propone soluciones. Todas estas prácticas son valiosas, pero ninguna de ellas es coaching. El coaching auténtico no se basa en transmitir respuestas, sino en acompañar a que la persona descubra las suyas. Cuando alguien usa el título de coach para vender algo que no lo es, está ofreciendo un espejismo.

El coaching, en cambio, no diagnostica ni cura. Su función es más práctica, es de acompañar a que el coachee/cliente —nunca es llamado paciente— clarifique metas, explore valores y genere nuevas posibilidades de acción. Mientras la psicología a menudo mira al pasado para sanar, el coaching se centra en transformar el presente para construir el futuro (Whitmore, 2017).

El coach no sustituye al psicólogo ni pretende hacerlo. Confundir ambas prácticas no solo es un error conceptual, sino también un riesgo para quienes buscan ayuda profesional en problemas que requieren terapia clínica.

"El coaching no es un producto que se vende, sino un proceso que despierta lo que ya somos." ALC

La esencia de la mayéutica

El coaching auténtico es un proceso profundamente humano, basado en la confianza, el respeto y el poder de la pregunta. Como afirma Echeverría (2006), el lenguaje no solo describe la realidad: la transforma. Desde esa mirada, el coach no es un experto que dicta cómo vivir, sino un facilitador que ayuda a replantear creencias, perspectivas y decisiones.

Recuperar la raíz mayéutica del coaching es vital para distinguirlo de las modas pasajeras. Solo así podremos separar lo auténtico de lo impostor. Un coach genuino no promete fórmulas mágicas, sino un espacio para que la persona descubra lo que ya está en su interior.

Reflexión final

¿Es el coaching una estafa? Sí, cuando lo que se compra bajo ese nombre es en realidad mentoría, asesoría o consultoría disfrazada. El coaching auténtico no necesita adornos comerciales: se reconoce porque transforma desde la pregunta, no desde la respuesta impuesta.

Ser coach no es proclamarse como tal, ni vender paquetes con títulos llamativos. Es sostener un espacio ético de acompañamiento donde el otro es protagonista de su propio crecimiento. Todo lo demás es, sencillamente, publicidad engañosa.

Por Allan Lorìa C.
Referencias
  1. American Psychological Association. (2023). APA Dictionary of Psychology. https://dictionary.apa.org/
  2. Echeverría, R. (2006). Ontología del lenguaje. Granica.
  3. International Coach Federation. (2020). 2020 ICF Global Coaching Study. ICF.
  4. Platón. (1997). Diálogos completos (M. J. López, Trad.). Gredos. (Obra original del siglo IV a.C.)
  5. Whitmore, J. (2017). Coaching for performance: The principles and practice of coaching and leadership. Nicholas Brealey Publishing.
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