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Adiós al mito del "salud, dinero y amor"
6 de septiembre de 2026Productividad

El capital que las empresas deben empezar a auditar

Los comités de dirección auditan el capital financiero, el capital intelectual y, desde hace poco, hasta el capital humano. Ninguno audita el capital salud: la reserva física y mental que cada colaborador gasta —o invierte— durante toda su vida laboral, y con la que, tarde o temprano, llega a la vejez.

Desde 2018 existe una norma internacional, la ISO 30414, diseñada para que las organizaciones reporten su capital humano con el mismo rigor con que reportan sus finanzas: cultura organizacional, rotación, productividad, liderazgo, seguridad (ISO, 2018). Es un avance real. Por primera vez, el talento entra al lenguaje contable.

Pero hay algo que la norma no mide, ni siquiera menciona: con qué salud llega esa gente a los cincuenta, a los sesenta, al día en que se retira. La norma audita accidentes laborales. No audita el desgaste. Confunde seguridad con salud, y esa confusión es la raíz de una miopía organizacional que le va a costar cara a cualquier empresa que la ignore.

El capital que Grossman vio venir hace cincuenta años

El economista Michael Grossman propuso, en 1972, que la salud no es un estado: es un capital. Un stock durable que se hereda, se deprecia con el tiempo, y puede administrarse mediante inversión (Grossman, 1972). Si el capital salud se deprecia con el uso, y si el trabajo es donde la mayoría de los adultos pasa la mayor parte de su vida productiva, entonces toda empresa está —lo sepa o no— administrando el capital salud de su gente. La única pregunta es si lo hace con criterio o por accidente.

Envejecer no empieza a los sesenta

El envejecimiento no es un evento. Es el proceso continuo que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos. La vejez es la etapa a la que finalmente se llega. Y a esa etapa se puede llegar con dignidad y salud suficiente, o disminuido, agotado, sin reservas.

La OMS lo confirma: hasta un 75% de la diversidad en la capacidad funcional de las personas mayores no depende de la genética ni del azar, sino del impacto acumulado de ventajas y desventajas a lo largo de toda la vida —incluida, de forma central, la vida laboral (WHO, s.f.).

La miopía que confunde agotamiento con productividad

Byung-Chul Han describió el mecanismo: en la sociedad del rendimiento, el trabajador se explota a sí mismo, convencido de que lo hace en libertad (Han, 2012). Por eso nadie audita el capital salud que se está quemando.

Gallup reporta que el compromiso laboral cayó a apenas 20% en 2025, su nivel más bajo, con un costo estimado de diez billones de dólares en productividad perdida —el 9% del PIB mundial— (Gallup, 2026). La sociedad del rendimiento no está produciendo más. Está produciendo agotamiento a gran escala, y etiquetándolo como compromiso.

El estatus también desgasta el capital salud

Richard Wilkinson y Kate Pickett documentaron que lo que predice peor salud no es el ingreso promedio, sino la desigualdad relativa (Wilkinson & Pickett, 2009). El mecanismo es el estrés psicosocial: la amenaza de evaluación social dispara cortisol de forma más confiable que casi cualquier otro estímulo. Ahí calza lo que experimenta el talento senior mayor de cuarenta años cuando empieza a chocar con una estructura edadista.

Lo que muestran los datos

La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo documenta que los colaboradores de mayor edad presentan menor ausentismo, mayor confiabilidad y compromiso más sólido, con caídas cognitivas medibles solo después de los 65-70 años (EU-OSHA, s.f.). En Costa Rica, la UNA advierte que para 2050 uno de cada cuatro habitantes tendrá más de 65 años, con 39 personas adultas mayores por cada 100 en edad laboral (UNA, 2026).

La factura que nadie contabiliza

Toda empresa que agota el capital salud hoy está subcontratando el costo a tres actores: el propio colaborador, que llega a su vejez con menos reserva; el sistema de salud pública, que absorbe incapacidades que un modelo más sostenible habría prevenido; y la propia organización, que pierde el talento más confiable y difícil de reemplazar.

Gestionar el envejecimiento dentro del tiempo laboral no es un beneficio nice. Es la única forma en que una organización puede decir, con honestidad, que invierte en su capital humano. Todo lo demás es maquillaje sobre un balance que se sigue deteriorando en silencio.

📖 Un libro para este tema

La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han (Herder), es la lectura obligada para entender por qué el capital salud se agota sin que nadie lo obligue. Han describe una sociedad del rendimiento donde el sujeto ya no necesita un explotador externo: se explota a sí mismo, convencido de que lo hace en libertad, y es precisamente ese autoengaño el que vuelve invisible el desgaste hasta que ya es tarde. Disponible en Librería Capítulos.

en fin...

Si mañana tuvieran que auditar la salud con la que cada colaborador está envejeciendo bajo su gestión, ¿qué encontrarían? La mayoría preferiría no saberlo. Y esa preferencia es exactamente la miopía que en veinte años les va a costar el talento que hoy dan por sentado.

El capital salud no aparece en ningún estado financiero, pero es el único activo que decide con qué dignidad envejece la gente que hizo posible todos los demás. Las organizaciones que lo ignoran no están ahorrando costos: están postergando una factura que alguien, tarde o temprano, va a tener que pagar. Y casi nunca es la empresa.

Por Allan Lorìa C.
Referencias
  1. CEPAL. (2026). Panorama del envejecimiento y tendencias demográficas en América Latina y el Caribe.
  2. EU-OSHA. (s.f.). Older workers. OSHwiki.
  3. Gallup. (2026). State of the global workplace 2026 report.
  4. Grossman, M. (1972). On the concept of health capital. Journal of Political Economy, 80(2), 223–255.
  5. Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.
  6. ISO. (2018). ISO 30414:2018.
  7. UNA. (2026). Costa Rica envejece sin estar lista. UNA Comunica.
  8. WHO. (s.f.). Healthy ageing and functional ability.
  9. Wilkinson, R. G., & Pickett, K. (2009). The spirit level. Allen Lane.
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