
El bello de Brad Pitt
La foto de Brad Pitt en Wimbledon da la vuelta al mundo y levanta elogios por lo “joven” que se ve a los 59 años.
Desde la mirada del que deposita la calidad de vida en la apariencia, la imagen de Brad es maravillosa. Una imagen que para muchos lo que dicta es que para estar bien hay que verse sin arrugas, patas de gallo y con la piel de porcelana. Dios guarde una ojera producto de estudiar o trabajar hasta tarde, o bien por cuidar a un ser querido enfermo toda una noche, porque hay que cubrirla antes de salir a la calle.
Y es que históricamente el ser humano ha depositado el significado de la belleza en cómo se ve su cuerpo — recordemos las esculturas griegas, romanas, egipcias, todas de cuerpos erguidos y en forma—, y cuán cerca estamos de esos estándares de belleza que vende el mercado por medio de las revistas, la televisión, la moda, el maquillaje. Como bien lo dice el escrito Roy Galán:
“El capitalismo nos envejece a pasos agigantados y el neoliberalismo nos vende la solución individual”
Nos hacen trabajar 10 o hasta 12 horas al día y después nos venden la crema para que no parezca que trabajamos esas horas o la membresía para “disque” mantenerme saludable y “joven”.
Tan inteligentes que nos decimos como especie, y seguimos varados en la simplicidad de una apariencia de catálogo.
Creemos que escondiendo la edad detrás de procedimientos estéticos o tapándola con cremas “antiarrugas” vamos a vernos más jóvenes y, por ende, vamos a sentirnos más venerados/admirados/aceptados por los demás.
Cuerpos que luchan por cumplir el manual de belleza social escrito por una industria que, lejos de ocuparse del bienestar, se preocupa de facturar.
Y no me quejo de la belleza; al final, la belleza descansa en el ojo que la ve.
Sin embargo, la reflexión es: ¿qué tan cerca estás/estoy de vivir obsesionado por ese tipo de belleza instagrameable, por ese concepto de belleza resultado de horas de producción? Dejar de ser el producto de los productos que te venden y empezar a ser solo producto de tu amor propio, un derivado de la aceptación que tienes por lo que eres como ser humano y por tu belleza natural y, ante todo, integral.
Deja de buscar y comprar afuera lo que ya tienes adentro: la belleza de tu unicidad.
¡Saludos!
Allan Lorìa, Instructor & Coach Corporativo | Master en Coaching & PNL | Especialidad en Habilidades Críticas No Técnicas