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El activo que nadie diversifica antes de jubilarse
30 de julio de 2026Longevidad

El activo que nadie diversifica antes de jubilarse

Ahorras para el retiro financiero desde los treinta. Pero ¿quién te enseñó a diversificar tus relaciones antes de que el trabajo deje de ser tu identidad principal? La pregunta que ningún plan de pensiones responde —y que todo líder de RRHH debería hacerse primero para sí mismo.

Rodrigo tiene 58 años y dirige la gerencia general de una empresa de logística en San José (Costa Rica). Su portafolio de inversiones está impecable: diversificado, revisado cada trimestre por un asesor de confianza. Lleva veinte años construyéndolo con la misma disciplina con la que construyó su carrera.

Hace unos meses, en la despedida de un compañero, notó algo que lo inquietó: de las quince personas con las que hablaba cada semana, catorce eran de la oficina. La número quince era su esposa.

Nadie le había dicho a Rodrigo que esas 15 personas también eran un portafolio. Y que, a diferencia del financiero, este era un portafolio social muy reducido y frágil y que nadie se lo estaba gestionando.

El problema que nadie nombra

El Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard —la investigación longitudinal más extensa jamás realizada sobre bienestar humano, con más de ochenta años de seguimiento— llegó a una conclusión que incomoda a cualquier hoja de cálculo: la calidad de las relaciones cercanas predice mejor la salud y la felicidad en la vejez que el patrimonio acumulado o el coeficiente intelectual (Waldinger & Schulz, 2023).

Un metaanálisis con datos de millones de personas confirmó la magnitud del riesgo: la soledad y el aislamiento social elevan el riesgo de muerte prematura a niveles comparables con fumar quince cigarrillos al día, por encima incluso de la obesidad o el sedentarismo (Holt-Lunstad et al., 2015). Las Academias Nacionales de Ciencias de Estados Unidos (2020) elevaron el hallazgo a categoría de problema de salud pública.

Del patrimonio financiero a los activos intangibles

Los economistas Lynda Gratton y Andrew Scott (2016) plantearon algo que sigue vigente una década después: en vidas cada vez más largas, no basta con gestionar bien los activos tangibles —dinero, propiedades, pensión—. Hay que gestionar también los activos intangibles: los productivos (conocimiento, reputación), los de vitalidad (salud, energía, vínculos) y los de transformación (autoconocimiento, apertura al cambio).

Dentro de los activos de vitalidad, las relaciones ocupan el lugar central. Si dedicamos tiempo y estrategia a nuestro dinero para los próximos treinta años, deberíamos hacer exactamente lo mismo con nuestros vínculos.

Por qué el vínculo se concentra sin que nos demos cuenta

Es natural que, con la edad, reduzcamos el número de relaciones y prioricemos las que más sentido nos dan. Esa es la Teoría de la Selectividad Socioemocional de Laura Carstensen (1999): con menos tiempo percibido por delante, elegimos calidad sobre cantidad. No es declive. Es evolución.

El problema surge cuando esa contracción ocurre sin conciencia, y termina reducida casi por completo al entorno laboral. Robert Putnam (2000) distingue entre capital social de unión —el que nos vincula con quienes son como nosotros— y capital social de puente, el que nos conecta con generaciones y mundos distintos. Un portafolio sano necesita ambos, y el segundo es, casi siempre, el primero en desaparecer.

Los cinco perfiles que revela la jubilación

Un estudio cualitativo con 150 personas jubiladas identificó cinco formas de adaptarse a esta transición: quienes buscan mantenerse ocupados, quienes disfrutan activamente la nueva libertad, quienes optan por un ritmo pausado, quienes exploran experiencias nuevas, y quienes atraviesan la etapa sin ningún proyecto claro (Freire, 2018). Este último perfil es, con diferencia, el más vulnerable al aislamiento. Y la diferencia entre perfiles no es de personalidad. Es de planificación.

"El portafolio social no se hereda ni se improvisa: se construye, aporte a aporte, con la misma seriedad con la que se construye cualquier activo." — Allan Lorìa C.

El obstáculo que nadie ve: el edadismo autoinfligido

La Organización Mundial de la Salud (2021) documenta algo incómodo: buena parte de las personas mayores desarrolla actitudes negativas hacia sí mismas por el simple hecho de envejecer. El resultado es una autoexclusión silenciosa —dejar de buscar nuevas amistades, declinar invitaciones, evitar entornos nuevos— no por limitación real, sino por una narrativa interna que asume el declive como inevitable.

El informe atribuye a este fenómeno millones de casos de depresión en el mundo. Antes de preguntarnos cómo ampliar el portafolio social, conviene preguntarnos si la barrera no es externa, sino la que ya interiorizamos.

Diagnóstico práctico: mapea tu propio portafolio

El psicólogo Robert Kahn y la socióloga Toni Antonucci (1980) diseñaron un ejercicio simple que sigue siendo, décadas después, la mejor auditoría personal disponible.

Dibuja tres círculos concéntricos contigo en el centro. En el primero, quienes estarían contigo en cualquier circunstancia. En el segundo, las personas con las que mantienes contacto habitual, aunque no sean tu núcleo íntimo. En el tercero, tu red más amplia: vecinos, conocidos, compañeros de actividades.

Luego pregúntate: ¿algún círculo está vacío o sobrecargado? ¿hay generaciones distintas representadas? ¿cuándo fue la última vez que sumaste a alguien nuevo? Las respuestas son, en sí mismas, el diagnóstico.

Lectura recomendada

Una buena vida — Marc Schulz y Robert Waldinger, Planeta, 2023. Los directores del Estudio de Harvard traducen casi un siglo de evidencia en una idea simple y exigente: los vínculos no son el adorno de una vida bien vivida, son su estructura.

en fin...

Nadie llega al retiro financiero por accidente. Al retiro social, la mayoría sí. Los cinco perfiles de jubilación no dependen del temperamento: dependen de si alguien hizo la tarea con tiempo. Y esa tarea empieza, muchas veces, derribando primero el edadismo que nos aplicamos a nosotros mismos.

¡Saludos!

Por Allan Lorìa C.
Referencias
  1. Carstensen, L. L., Isaacowitz, D. M., & Charles, S. T. (1999). Taking time seriously: A theory of socioemotional selectivity. American Psychologist, 54(3), 165–181.
  2. Freire, B. (2018). La jubilación, una nueva oportunidad. Plataforma Editorial.
  3. Gratton, L., & Scott, A. (2016). La vida de 100 años: Vivir y trabajar en la era de la longevidad. Empresa Activa.
  4. Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., Baker, M., Harris, T., & Stephenson, D. (2015). Loneliness and social isolation as risk factors for mortality: A meta-analytic review. Perspectives on Psychological Science, 10(2), 227–237.
  5. Kahn, R. L., & Antonucci, T. C. (1980). Convoys over the life course: Attachment, roles, and social support. Life-Span Development and Behavior, 3, 253–286.
  6. National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. (2020). Social isolation and loneliness in older adults: Opportunities for the health care system. The National Academies Press.
  7. Organización Mundial de la Salud, Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, & Fondo de Población de las Naciones Unidas. (2021). Informe mundial sobre el edadismo. OMS.
  8. Putnam, R. D. (2000). Bowling alone: The collapse and revival of American community. Simon & Schuster.
  9. Schulz, M., & Waldinger, R. (2023). Una buena vida: El mayor estudio mundial para responder a la pregunta más importante de todas: ¿qué nos hace felices? Planeta.
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