
Edadismo, el "-ismo" que todos(as) sufrimos
Un siglo atrás, en Europa occidental y América del Norte, la vejez comenzaba mucho antes de lo que lo hace hoy.
Nuestra edad refleja el número de años que hemos vivido. Sin embargo, a quién se considera una persona joven o una persona mayor depende del contexto, el propósito y la cultura. A los 18 años, una persona puede ser considerada demasiado mayor para poder aprender a ser un gimnasta de competición y, a la vez, demasiado joven para ocupar un puesto político de gran responsabilidad. Las distintas culturas difieren también entre sí en lo que respecta a lo que se considera vejez, edad mediana y juventud. Un siglo atrás, en Europa occidental y América del Norte, la vejez comenzaba mucho antes de lo que lo hace hoy.
El edadismo tiene una gran prevalencia, está profundamente arraigado y tiene una aceptación social mayor que otras formas de sesgo. El sesgo relacionado con la edad se contempla a menudo como algo humorístico o como mínimo inocuo.
Las personas no se dan cuenta de que la forma en la que se formulan las ideas relativas a la edad y el envejecimiento (por ejemplo, en expresiones como “te quejas más que un viejo”, o al hablar del “problema” del envejecimiento de la población o de que “los jóvenes creen que lo saben todo”) y el lenguaje que se utiliza al respecto perpétan ideas erróneas e influyen en las políticas que elaboramos y las oportunidades que brindamos (o no).
Naturaleza del edadismo
El edadismo en definición se refiere a los estereotipos (cómo pensamos), los prejuicios (cómo nos sentimos) y la discriminación (cómo actuamos) hacia las personas en función de su edad. Puede ser institucional, interpersonal o autoinfligido.
El edadismo institucional se refiere a las leyes, reglas, normas sociales, políticas y prácticas de las instituciones/empresas que restringen injustamente las oportunidades y perjudican sistemáticamente a las personas en razón de su edad.
El edadismo interpersonal surge en las interacciones entre dos o más personas, mientras que el edadismo autoinfligido se produce cuando se interioriza el edadismo y se vuelve contra un mismo.
El edadismo se inicia en la infancia y se refuerza con el tiempo. Desde una edad temprana, los niños reciben indicaciones de quienes los rodean sobre los estereotipos y prejuicios de su cultura que interiorizan rápidamente. Las personas utilizan estos estereotipos para extraer conclusiones y orientar sus sentimientos y su comportamiento hacia personas de distintas edades y hacia sí mismas.
Escala del edadismo
El edadismo está presente en numerosas instituciones y sectores de la sociedad, como por ejemplo entre los proveedores sociosanitarios, en el lugar de trabajo, en los medios de comunicación y en el sistema jurídico.
El racionamiento de la atención de salud en función de la edad está muy extendido y las personas mayores tienden a quedar excluidas de las actividades de investigación y recopilación de datos.
Las personas mayores y los más jóvenes a menudo se encuentran en desventaja en el lugar de trabajo.
Los delitos cometidos por delincuentes más jóvenes suelen suscitar más indignación que los cometidos por delincuentes mayores, y se consideran infracciones más graves.
El edadismo también determina la forma en que se recopilan las estadísticas y los datos en los que se basan las políticas.
A nivel mundial, una de cada dos personas son edadistas contra las personas mayores. En Europa, que es la única región de la que se dispone de datos, una persona de cada tres afirma haber sido objeto de edadismo, y las personas jóvenes afirman haber percibido más discriminación por la edad que otros grupos etarios.
Efectos del edadismo
El edadismo tiene consecuencias graves y de gran alcance para la salud, el bienestar y los derechos humanos de las personas. En el caso de las personas mayores, el edadismo se asocia con una menor esperanza de vida, una salud física y mental más deficiente, una recuperación más lenta de la discapacidad y un deterioro cognitivo.
El edadismo reduce la calidad de vida de las personas, aumenta su aislamiento social y soledad (ambos asociados a graves problemas de salud), restringe su capacidad de expresar su sexualidad, y puede aumentar el riesgo de violencia y maltrato.
El edadismo puede reducir también el compromiso de las personas jóvenes con la entidad para la que trabajan.
El edadismo contribuye a la pobreza y la inseguridad económica de las personas en la vejez, y en una estimación reciente se demuestra que el edadismo tiene un costo para la sociedad de miles de millones de dólares.
Determinantes del edadismo
Los factores que aumentan el riesgo de incurrir en edadismo son: ser joven, de sexo masculino, tener ansiedad ante la muerte y el menor nivel de estudios. Los factores que reducen el riesgo de incurrir en edadismo, tanto contra las personas jóvenes como contra las personas mayores, son ciertos rasgos de la personalidad y un mayor contacto intergeneracional.
Los factores que aumentan el riesgo de ser objeto de edadismo son tener más edad, precisar del cuidado de otros, tener una menor esperanza de vida sana en el país y trabajar en determinadas profesiones o sectores laborales, como los sectores de la alta tecnología o la hostelería. Uno de los factores de riesgo para ser objeto de edadismo contra las personas jóvenes es ser mujer.
Tres estrategias para reducir el edadismo
Se ha demostrado la eficacia de tres estrategias para reducir el edadismo: las políticas y la legislación, las actividades educativas y las intervenciones de contacto intergeneracional.
· Estrategia 1: Políticas y legislación.
Las políticas y la legislación pueden ser útiles para reducir el edadismo contra cualquier grupo de edad. Entre ellas cabe mencionar, por ejemplo, políticas y leyes que aborden la discriminación y la desigualdad por motivos de la edad, y la legislación relativa a los derechos humanos.
· Estrategia 2: Intervenciones educativas.
Las intervenciones educativas para reducir el edadismo deben incluirse en todos los niveles y tipos de educación, desde la escuela primaria hasta la universidad, y en contextos educativos formales y no formales.
·Estrategia 3: Intervenciones de contacto intergeneracional.
Asimismo, habría que invertir en intervenciones de contacto intergeneracional que tengan por objeto fomentar la interacción entre las personas de distintas generaciones. Este contacto puede reducir los prejuicios y los estereotipos entre grupos.
Solo si tomamos conciencia de sobre cómo nos referimos a la edad (incluso a nuestra propia edad) seremos capaces de detener el edadismo en todas sus manifestaciones.
¡Saludos!