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Adiós al mito del "salud, dinero y amor"
18 de junio de 2023Bienestar y Salud

Adiós al mito del "salud, dinero y amor"

Azuzados por la crisis económica y la pandemia, las investigaciones sobre felicidad se disparan y ya han derribado parte de los conceptos preconcebidos.

Hace solo unos años, estudiar que nos hace felices sonaba un poco ingenuo, reservado a libros de autoayuda y gurús de las soluciones mágicas. Las convulsiones de la última década y media, sin embargo, han puesto el concepto de felicidad en la picota e impelido a redoblar los esfuerzos para analizar, científicamente, nuestro bienestar.

Tanto es así que el número de artículos que contienen la palabra 'happiness' -felicidad en inglés- en la base de datos PubMed, la mayor del mundo sobre medicina, registra un aumento espectacular en los últimos años. A principios de siglo apenas superaban los 200; en 2012 ya superaron los mil. La pandemia ha impulsado la cantidad de trabajos: 2.070 en 2021 y 2.232 el año pasado, el récord. En 2023, por cierto, ya van cerca de un millar.

"La presión por ser felices ha aumentado mucho desde los años de la crisis económica de 2008 y se mantiene hasta nuestros días", explica Edgar Cabanas, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid y coautor, junto a Eva Illouz, de Happycracia: Como la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas.

Es en momentos de incertidumbre como los que siguieron a la Gran Recesión cuando "esta insistencia se hace más aguda", cuenta el psicólogo. "Son buenos momentos para mercaderes de la felicidad de toda índole, que ofrecen recetas simples para problemas complejos y prometen que la coyuntura política y económica no importa, que nuestras circunstancias no importan, pues la felicidad depende única y exclusivamente de la persona".

Mensajes como 'si quieres, puedes', continua, "a la postre hacen más mal que bien, pues tienden a hacer injustamente responsables a las personas por cómo se sienten, cuando, en realidad, sentirse mal en circunstancias adversas es lo más normal del mundo".

Por ejemplo, con la pandemia, los estudios sobre la felicidad se han disparado al tiempo que se trastocaba uno de los mitos más recurrentes sobre la felicidad.

"Al salir de la Covid, las personas que peor lo han hecho, y esto no es algo habitual, son los jóvenes menores de 30 años", advierte Victor Raul Lopez, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Castilla-La Mancha y uno de los impulsores del Observatorio de Intangibles y Calidad de Vida, el primer estudio periódico nacional sobre felicidad, que dio sus primeros pasos en 2020.

"Antes no era así, nos comportábamos como en una V", continua. Esto es, el grado de satisfacción con la vida de una persona tiene una forma de V: cae en la juventud, llega a un mínimo alrededor de los 50 años y luego sube de nuevo. "Pero con la Covid no ha sido así: [el indicador de felicidad] se ve prácticamente plano y luego sube a partir de los 50 años. Los jovenes eran bastante infelices".

De ahí vienen indicadores famosos como el Índice Mundial de la Felicidad que realiza cada ano el Instituto Gallup y en el que dominan casi sin discusión los países de la órbita eslava. Este índice tiene en cuenta tanto el concepto individual de felicidad como el social: los años de vida vividos con salud, el PIB per cápita, el apoyo social, la libertad existente para tomar decisiones y la ausencia de corrupción.

Mas felices en pueblos que en ciudades

El observatorio de la Universidad de Castilla-La Mancha va más allá y observa los tres entornos en los que nos movemos: residencial, familiar y laboral.

así, los resultados indican que los adultos casados son las personas más felices con diferencia, los viudos lo son algo más que los divorciados y los solteros son los más infelices de todos. Las personas que viven en municipios de menos de 5.000 habitantes están más satisfechas con sus vidas que las de las grandes ciudades, excepto si la población no llega ni al millar de individuos.

Además, el desempleo y la precariedad del trabajo son claros predictores de infelicidad, pero, a partir de cierto nivel económico, las diferencias no son tantas. La estructura familiar también es importante pero, lamenta López, no existen datos fiables que le permitan comparar el peso que tiene con otros países. De momento, han incluido a Rumania en el comparador internacional porque comparten con España muchos rasgos: estructura familiar y apoyo a la familia.

Llegados a este punto, las respuestas ya no estan tan claras, aunque la psicología lleva décadas intentando desentrañarlas. Entre otras razones, porque no existe una definición única de felicidad.

Volvemos a Edgar Cabanas.

"No existe ninguna definición consensuada de felicidad, ni entre la comunidad científica y académica, ni entre la gente de a pie. Tampoco hay una definición compartida entre las diferentes culturas, ni estas culturas han tenido siempre la misma visión sobre la felicidad humana a lo largo de sus historias. Digamos que, sea lo que sea la felicidad, tiene fuertes componentes históricos, culturales y sociales".

La genética de la felicidad

De ahí la dificultad de establecer qué papel juega nuestro acervo genético, nuestra crianza y nuestro entorno en el bienestar individual. Es muy probable que haya oído hablar de que la genética supone un 50% de nuestro 'capital de felicidad', mientras que el entorno supone un 10% y el 40% restante está al albur de nuestras decisiones individuales.

Estos porcentajes tan bien definidos proceden de un estudio de 2005 liderado por Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de California en Riverside y autora de varios libros sobre la felicidad. Ese 40% de 'actividad intencional' abrió la puerta a los partidarios de la psicología positiva y a los gurús que afirmaban que teníamos un gran potencial en nuestras manos para cambiar nuestra vida, sin importar nuestras circunstancias.

Criticas posteriores han tachado estos porcentajes de arbitrarios. El trabajo de los años 80 y 90, que asignaban a los factores genéticos y del entorno unos porcentajes demasiado heterogéneos como para resumirlos en unos números tan inmaculados. Los factores genéticos, además, se basaban en estudios en gemelos donde podría darse sobreentendidos como que, al nacer en la misma familia, los hermanos habían pasado por las mismas experiencias vitales y criados de la misma manera.

De hecho, uno de ellos, publicado el año pasado, se atrevía a dar una cifra concreta: 75.000 dólares. Parece una cantidad muy elevada, pero hay que tener en cuenta que se realizó en EEUU, donde el coste de la vida es mayor y el ciudadano tiene que pagarse de su bolsillo, entre otras cosas, la sanidad.

Por cierto, sobre este último aspecto también incide Hervas. "Los efectos de la salud sobre el bienestar son complejos. En ocasiones puede tener mucha influencia, pero no siempre". Todo dependera de la funcionalidad de la persona y del nivel de dolor que sufra. Pero el psicólogo resume: "Antes se decía que la felicidad es salud, dinero y amor. Con el amor claramente se acerto, pero con los otros dos factores no tanto".

Algo parecido concluye el autoproclamado "mayor estudio hecho nunca sobre la felicidad", con más de 80 años de trayectoria. El Estudio Harvard sobre el Desarrollo en Adultos se puso en marcha en 1938: empezó con 724 participantes y continua en la actualidad con sus más de 1.300 descendientes, siguiendo sus trayectorias vitales y entrevistándolos sobre sus perspectivas, sus miedos y su nivel de satisfacción.

El ultimo director de este proyecto, Robert Waldinger, y su codirector, Marc Schulz, han publicado este ano Una buena vida, libro que recopila los hallazgos de ocho décadas de estudio para el gran público. La clave está, apuntan sus autores, en nuestras relaciones sociales.

Tampoco es necesario ser muy exigente con esto. "Como norma general, consideramos que necesitamos mantener por lo menos una o dos relaciones buenas", explicaba Waldinger.

El norteamericano hace un apunte sobre un mito de los ya mencionados en este texto: la V de la felicidad. Adolescentes y adultos jóvenes tienen un alto nivel de infelicidad por su mayor nivel de soledad percibida, pero a partir de los 45-50 anos nuestra satisfacción aumenta, un resultado similar al constatado en el Observatorio de la Universidad de Castilla-La Mancha. A algunos mitos de la felicidad ya no les queda mucho tiempo.

!Saludos!

Por Allan Lorìa C.
Referencias
  1. Cabanas, E. & Illouz, E. (2019). Happycracia. Paidos.
  2. Lyubomirsky, S., Sheldon, K. M. & Schkade, D. (2005). Pursuing Happiness: The Architecture of Sustainable Change. Review of General Psychology, 9(2), 111-131.
  3. Waldinger, R. & Schulz, M. (2023). Una buena vida (The Good Life). Harvard Study of Adult Development.
  4. Helliwell, J. F. et al. (eds.). World Happiness Report. Gallup / UN Sustainable Development Solutions Network.
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